El traslado de recinto o de celda es una medida que no agrada a los reclusos de la cárcel La Victoria, porque ese espacio que ya controlan, aunque en estado de hacinamiento, lo han convertido en su “hogar”, y hasta en su negocio.
“Cuando usted le habla de traslado a un preso se quiere morir, porque este es un hábitat cómodo”, afirma Domingo de la Cruz, quien tiene 62 años de edad y 14 de reclusión.
El traslado a un lugar solitario e incómodo es precisamente el castigo que reciben los reos cuando violentan las reglas de convivencia en el penal. De la Cruz, quien es el enlace de seguridad entre los presos y las autoridades, sostiene que el preso que intentó agredir a otro se le cambia de área inmediatamente. Sin embargo, esa medida es motivo de motín, como el ocurrido el pasado viernes 16 de octubre, que provocó un muerto y seis heridos.
Para mudar un preso de área se requiere contar con la autorización del alcaide, lo cual se exige debido a que los traslados de celdas sin notificación a las autoridades generaron inconvenientes en el pasado.
