Las pistolas de hidrogel, un juguete que ha ganado popularidad entre niños y adolescentes en la República Dominicana, se han convertido en una preocupación nacional para autoridades, expertos en salud y organizaciones comunitarias, debido a los riesgos que representan para la integridad física de los menores y la tranquilidad en los espacios públicos.
Lo que en principio se presenta como un juego inofensivo ha derivado en una práctica peligrosa que se repite en distintas provincias del país. En calles, parques y sectores residenciales se observan enfrentamientos entre grupos de jóvenes que simulan acciones de combate o guerrilla. Ante este panorama surge una pregunta inevitable: ¿en qué momento el entretenimiento cruza la línea y se convierte en una amenaza para la seguridad colectiva?
Esta situación no se limita a una sola localidad. Desde el Cibao hasta el sur del país, las denuncias comunitarias se multiplican. El distrito municipal de Jínova no es la excepción, donde residentes han expresado su preocupación por el uso indiscriminado de estas pistolas, especialmente en espacios públicos y horarios nocturnos. ¿Quién responde cuando el miedo y la intranquilidad se apoderan de comunidades enteras?
Un caso reciente ocurrió en La Vega, durante la celebración del Día de los Reyes Magos, cuando la Policía Nacional desplegó operativos preventivos ante enfrentamientos protagonizados por jóvenes que utilizaban pistolas de hidrogel. La sargento Lucía Cruz Polanco, vocera de la Policía Nacional en esa provincia, informó el pasado 7 de enero que durante las intervenciones fueron arrestados varios menores de edad y un adulto, además de ocupar varias de estas pistolas de juguete.
“Durante esas intervenciones fueron arrestados varios menores de edad y un mayor de edad, además de ocupar varias pistolas de juguete. La institución exhorta a la población, en especial a los jóvenes, a cesar estas malas prácticas ya que alteran el orden público”, declaró Cruz Polanco.
Los jóvenes detenidos fueron posteriormente entregados a sus familiares, mientras que las pistolas fueron incautadas por la Dirección Regional para evitar la repetición de estos hechos. Sin embargo, el problema persiste y abre nuevos cuestionamientos: ¿basta con incautar juguetes o es necesario un mayor control y orientación preventiva?
Especialistas advierten que las bolitas de hidrogel pueden provocar lesiones oculares, irritaciones en la piel y accidentes, especialmente cuando se utilizan sin supervisión adulta. Además, el uso de objetos con apariencia de armas en la vía pública puede generar confusión y reacciones inesperadas. ¿Estamos preparados para asumir las consecuencias de una posible confusión con armas reales?
Ante esta realidad, las autoridades reiteran el llamado a padres, madres y tutores a vigilar los juegos de sus hijos y promover formas de recreación seguras. Pero la responsabilidad no es solo familiar. ¿Qué papel deben jugar las escuelas, las juntas de vecinos y el Estado para frenar una práctica que ya afecta la convivencia social?
Lo que hoy parece una moda viral se perfila como un problema de alcance nacional. La pregunta final queda abierta para toda la sociedad: ¿actuaremos a tiempo o esperaremos que ocurra una tragedia para reaccionar?
FERNANDO CASTILLO
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